martes, 29 de octubre de 2019

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL 
El tema de investigación presentado en esta monografía es la Revolución Industrial o también llamada Industrialización; consiste en una transformación profunda, la más radical desde el período neolítico, de los sistemas de trabajo y de la estructura de la sociedad.
Sucede en la segunda mitad del siglo XVIII, en Inglaterra, y se difunde después a otras naciones europeas.
Se pasa del viejo mundo rural al de las ciudades tentaculares, del trabajo manual a la máquina, del taller a la fábrica. Los campesinos abandonan los campos y se trasladan a trabajar a las ciudades, el artesanado desaparece casi por completo; surge una clase de profesionales, promotores, ingenieros; en las concentraciones industriales aparece el proletariado, masa de braceros que trabajan con máquinas que no son suyas. Todo se transforma: trabajo, mentalidades, grupos sociales. No es un proceso súbito, como el de una revolución política, sino un proceso duradero; tampoco es, simplemente, un proceso de industrialización, ya que se producen cambios duraderos en la agricultura y en la sociedad. Se trata de un conjunto complejo de fenómenos. Esta revolución es la base del mundo contemporáneo; cualquier acontecimiento importante ocurrido en el mundo desde mediados del siglo XVIII está relacionado, en forma más o menos directa, con esta transformación.
Algunos de los rasgos que se han considerado definitorios de la revolución industrial se encuentran también en períodos anteriores, así ocurre con el montaje de factorías o el uso de fuerza motriz en la fabricación. Desde la revolución industrial se produce un cambio cuantitativo: del taller con varios operarios se pasa a la gran fábrica con centenares de obreros, del villorrio de varias docenas de vecinos a la metrópoli de centenares de miles de habitantes. Pero los cambios definidores parecen ser cualitativos. La esencia de la sociedad industrial es que evoluciona de modo continuo; cada cambio suscita la necesidad de otro, es un proceso dinámico.
Si bien la revolución industrial acarreó problemas como el empobrecimiento de los obreros y la acumulación de beneficios de los empresarios, estudios realizados por diversos historiadores llegaron a dos tipos de interpretaciones de lo sucedido por causa de la revolución industrial, la primer conclusión fue que subió el nivel de vida y los obreros no fueron perjudicados, inclusive algunos mejoraron su condición. La segunda corriente sostiene que las condiciones de trabajo y la vida obrera fueron deterioradas,
Antecedentes
Sociedad preindustrial:
A fines del siglo XVIII, la mayoría de la población inglesa se encontraba distribuida en la zona rural. En promedio, más del ochenta por ciento de la población europea vivía en el campo.
En general en las ciudades no se concentraba un gran número de población, la mayoría de las principales capitales y grandes ciudades europeas no superaban los cien mil habitantes, con excepción de Londres, que era la ciudad más grande; constaba con un millón de habitantes, mientras que el número de habitantes que residían en París disminuía a la mitad.
En esa época tenía gran importancia el ser propietario de tierras, el hecho de poseer aunque sea una pequeña parcela de tierra aseguraba dignidad y respeto, por eso aquellos que no la poseían eran consideraba inferiores. La posesión de propiedades tenía mucha importancia porque era una sociedad cuya economía se basaba en la subsistencia.
La mayoría de los países europeos mantenía vigente hasta el momento el régimen de servidumbre, con excepción de los dos países, cuyas capitales fueron nombradas anteriormente, se daba esta condición porque en Francia e Inglaterra los campesinos habían logrado superar la condición de servidumbre.
Antes de la Revolución Industrial, la elaboración masiva de productos en serie y de bajo precio era inexistente, porque ni siquiera existían mercadosdonde colocar los productos. Esta situación se debía a que la gran mayoría de la población estaba por campesino que producían sus alimentos y tejían sus propias ropas. En las ciudades, las personas podían elaborar en forma rudimentaria su ropa, sus zapatos, o cualquier otro objeto de uso doméstico; también podía recurrir al taller de un maestro experimentado para que los confeccionara a medida de acuerdo con las preferencias del cliente. Los artesanos de un mismo oficio se agruparon en gremios, que tenían la función de defender los intereses políticos, económicos y sociales de sus miembros. Cada gremio regulada los precios y los salarios y tenían reglas que no podían ser violadas, porque lo más importante era garantizar la calidad del producto. Los gremios de artesanos textiles se encargaban de la producción de telas de lana y de lino. Los consumidores de estas costosas telas elaboradas en los talleres eran los ricos burgueses de las
ciudades, los terratenientes y la nobleza. Todos ellos constituían un mercado de gran poder económico, pero numéricamente limitado. El desarrollo comercial de las principales potencias europeas, especialmente Inglaterra y Francia, había provocado el crecimiento de las ciudades y en consecuencia, el aumento de la demanda de productos menos costosos. Para satisfacer ese mercado, se organizó un sistema de producción domiciliaria, o también llamado puttin out sistem : un empresario compraba la materia prima y la distribuía en las casa de los trabajadores, que generalmente eran campesinos. También les proporcionaba las máquinas necesarias para su tarea. Como complemento del trabajo de campo, los campesino hilaban y tejían las prensa, que luego eran retiradas por el empresario para su comercialización, a cambio del pago de una suma fija por cada prensa confeccionada. Estas telas no podían competir en calidad con las producidas por los gremios de artesanos textiles, pero su precio era más accesible para los grupos medios urbanos.
Para cambiar las formas de producción, primero había que disponer de mercados potenciales. Sin ellos nadie se arriesgaría a producir en serie. En Gran Bretaña, específicamente en Inglaterra, se dieron por primera vez las condiciones políticas y sociales que permitieron la aparición de esos mercados potenciales, un mercado interno y mercados externos, por esa razón Inglaterra fue la gran protagonista de la Primera Revolución Industrial.
2. Concepto
La Revolución Industrial fue una serie de cambios económicos y sociales, fue una profunda transformación del estilo de trabajo y de la forma de pensar que trajo como consecuencia en cambio en la estructura de la sociedad, acarreó grandes consecuencias. Comenzó en Inglaterra en el siglo XVIII, luego se extendió hacia otros países, como Francia, Alemania, Estados Unidos, Bélgica, y con mayor retraso, Rusia y España.
Se inició esta revolución con la invención y la aplicación de la máquina a vapor y otros inventos, propagaron las fábricas y talleres, provocaron la migración masiva del campo a las ciudades, crearon nuevos sistemas de transporte, fomentaron las ciencias aplicadas y promovieron las especialización productiva.
Se destacan dos grandes períodos en el desarrollo de esta Revolución: el primero, que será el más desarrollado en esta ocasión, va desde el año 1780 y se extiende hasta fines de siglo XIX. La principal característica de este período fue la utilización del carbón y del hierro como base del trabajo y las producciones.
El segundo período se extiende desde las últimas décadas del siglo XIX hasta los días actuales. Se destaca este último período por el uso del petróleo, la electricidad y el acero, que favorecieron tanto los medios de producción como los de comunicación.
El rasgo más fácil de comprender y él más notable de la historia, es la transformación y el prodigioso desarrollo de la industria y el comercio, y por consiguiente, la transformación total de las condiciones materiales de la vida.
La Revolución Industrial fue definida brevemente por el historiador Marc Baldó Lacomba como "Un cambio cualitativo y universal, según el cual se transformaron las condiciones técnicas y sociales de la producción".
En 1837, J. Blanqui utilizó por primera vez el término que dice: "la Revolución Industrial es definida como el conjunto de transformaciones económicas y sociales que caracterizaron el proceso de la industrialización".
La revolución Industrial es producto de la explotación de riquezas procedentes de la explotación de las colonias que dominaban los países europeos, a su vez, esta acumulación fue consecuencia del comercio que había tenido un desarrollo extraordinario generándose así el capitalismo mercantil, que pronto se transformó en capitalismo industrial, es decir, ya no solo basado en el comercio sino también en la producción industrial.
Rápidamente la nación se transformó de un país tradicionalmente agrícola en una nación industrializada que dominaba el mercado mundial. Su estructura social cambió radicalmente dos tercios de la población urbana pasó a trabajar en las fábricas. Pero la brusca transición de la vida rural a la vida urbana provocó graves conflictos debido a la necesidad de asegurarla subsistencia a la creciente población de las grandes ciudades. La afluencia masiva de población de bajo nivel económico originó condiciones miserables de vida, desocupación, marginación, delincuencia y una explotación indiscriminada del trabajador. Las jornadas laborales se extendieron hasta niveles infrahumanos y además se incorporó a las fábricas la mano de obra de las mujeres y niños que eran doblemente explotados, pues percibían salarios inferiores a los de los hombres.
Si la revolución tecnológica produjo un aumento impresionante de la productividad, provocó también un empobrecimiento notable en el nivel de vida de la clase trabajadora. Por otra parte, los salarios disminuían constantemente mientras aumentaba indiscriminadamente el precio de los artículos de primera necesidad, de modo que el poder adquisitivo de la familia obrera se vio notablemente reducido.
Al reflexionar sobre el proceso de los pensadores sociales del siglo XIX, Engels en su "Situación de la clase trabajadora en Inglaterra" y Marx en gran parte de su obra, repararon especialmente en los efectos sociales, mientras los historiadores se ocupaban de los aspectos técnicos. No obstante en nuestro siglo, y a partir de la obra de Mantoux (1905), la atención a las repercusiones sociales empezó a ocupar capítulos en las monografías académicas, tendencia que culminó en los años sesenta en la obra de Landes, apertura que llevó a otro historiador clásico en el tema, el británico Ashton, a reclamar que se examinaran todas las vertientes: técnicas, sociales y financieras.
La revolución industrial viene a ser un proceso de cambio constante y crecimiento continuo, en el que intervienen técnicas (máquinas), descubrimientos teóricos (ciencia), capitales y transformaciones sociales, acompañado por una renovación de la agricultura, que permite el desplazamiento de una parte de las masas campesinas a las ciudades.
3. El modelo inglés.
Inglaterra fue el adelantado de esta gran transformación y dio la pauta para otros países. En este carácter pionero se cimentaría su condición de primera potencia mundial hasta 1914. Podríamos resumir el modelo inglés en tres capítulos: recursos, sectores y técnicas.
Entre los recursos nos hallamos, en primer lugar, con los humanos, un crecimiento acelerado de la población, que juega un papel crucial en el aumento del volumen de la demanda y en los flujos de mano de obra para la industria. En otros países se produjo un incremento de la población sin paralelo desarrollo industrial, casos de la India e Irlanda, pero en Inglaterra la correlación fue indudable. Por otra parte la isla tenía materias primas y energía: lana, hierro, hulla, proporcionaron ventajas con respecto a los países escasamente dotados. Finalmente disfrutó de una época de abundancia alimentaria, con frecuentes excedentes proporcionados por excelentes cosechas entre los años 1740 y 1780.
La industrialización se centró en varios sectores: tejidos en primer lugar, siderurgia a continuación, ferrocarriles después. Tras la experiencia inglesa se convirtieron en los clásicos sectores de desarrollo nacional. El impulso definitivo fue proporcionado por la construcción del ferrocarril, destino de los grandes capitales y estímulo para la siderurgia, además de posibilitar la especialización agrícola de las diferentes comarcas con el consiguiente impulso al comercio interior.
Las innovaciones técnicas fueron constantes y pueden seguirse por la interminable lista de patentes, impulsadas en una primera fase por las universidades escocesas de Glasgow y Edimburgo. La máquina de vapor de Watt se convirtió en uno de los inventos más trascendentales de la historia. Las innovaciones deben citarse también en los sistemas de uso del dinero. Porque en el terreno financiero pronto descubrieron los ingleses que la industrialización requería un aparato financiero. El crédito público se canalizó por el Banco de Inglaterra, fundado en 1694, pero más decisiva fue la financiación privada mediante créditos. Defoe estimó que los dos tercios del comercio interior se realizaban a crédito. Londres se convirtió en la capital financiera no só1o de la nación sino del mundo hasta la primera guerra mundial.
La estructura industrial del país se modificó desde el punto de vista geográfico. A la primacía del sur, Londres, Bristol, Norwich, sustituyó la de tierras del norte y noroeste, al desplazarse los centros a las comarcas carboníferas de las Midlands occidentales, el Lancashire y Gales del Sur. Esta nación, que había creado ciudades nuevas, inventado la máquina de vapor, construido la primera red ferroviaria, era a mediados del siglo XIX la soberana del mundo. Su supremacía en ese momento resultaba indiscutible.
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2 comentarios:

  1. buena redacción, pero esta un poco largo el ensayo

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  2. recuerda que la primera maquina de la revolución industrial fue la maquina hiladora jeny

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